-¿Por qué crees que la gente quiera casarse?
-Pues, cuando creces tienes hacerlo.
-Me casaré con el señor Viczler.
-No puedes casarte con un maestro, es contra la ley.
-Claro que sí.
-Claro que no, porque te pondría puros dieces y no sería justo.
-No es cierto.
-¿Has besado a alguien?
-¿Cómo en la televisión? No.
-Deberíamos hacerlo, sólo para saber.
-Pero... no sé hacerlo.
-Mira, practica en tu brazo.
-¿Así?
...
-Basta de práctica. Cierra los ojos.
-Pero no podré ver nada.
-Ciérralos.
-De acuerdo, de acuerdo.
-A la cuenta de tres. Uno, dos, dos y medio... tres!
-No se lo digas a nadie.
-Tampoco tú.
-Bien, jurémoslo.
-De acuerdo.
-Hasta mañana.
-Hasta mañana. Veida... pensarás en mí?
-¿Para qué?
-Por si no te casas con el maestro.
-Claro que sí!

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